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lunes, mayo 23, 2005

La era de las Small Caps ?

Como comentábamos desde principios de año, este es el año de las Small Caps, hecho que vemos semana sí y semana también ante las incesantes operaciones de compra efectuadas por valores elegidos del parqué español. Veamos estas líneas de "El confidencial" que nos hablan acerca de lo que ya es el fenómenos del año.

La lista de valores opables en la bolsa española se hace tan interminable como la voracidad de los gestores del capital riesgo, que son capaces de mover ingentes cantidades de dinero.

La bolsa española ofrece suculentas posibilidades para el private equity, los grandes fondos y las grandes fortunas, porque no tiene un mercado de small caps. La mayoría de valores cotizados son pequeños, no son líderes en su sector, cuya gestión es fácilmente mejorable y, por lo general, poco líquidos, aunque generadores de caja y capacidad de endeudamiento, muchos con una baja relación ebidta/deuda.

Con estas características salen al menos una veintena de valores de sectores como el transporte, el vino, el textil, la distribución, la alimentación e incluso las telecomunicaciones. Lo difícil, con las ingentes cantidades de dinero que manejan estos fondos de capital riesgo, integrados por gestores de prestigio, es diferenciar el grano de la paja cuando entran en puja, ya que, en demasiadas ocasiones, provocan valoraciones no siempre ajustadas a la realidad. Tanta demanda de este tipo de empresas, puede llegar a apabullar.

Pocas veces se han dado circunstancias en el mundo financiero para semejante sobredosis de liquidez y capacidad de apalancamiento. El fenómeno de los tipos de interés tan bajos ha hecho que las economías sobrevivieran al crash bursátil provocado por la euforia de Internet y, paralelamente, ha permitido que la bolsa superara la desilusión y desconfianza provocada por los escándalos. No hay otro sitio mejor, amén del inmobiliario -así están EEUU, Reino Unido y España, tres de los países más desarrollados que más crecen, con perdón por las comparaciones- que las bolsas.

Los fondos de capital riesgo en España muestran con sus actuaciones a las claras la capacidad de agitación de un mercado profundo, pero demasiado voluble y de pequeñas empresas. Cada vez que aparecen dan cuenta de su fuerza a la hora de impresionar a la parroquia bursátil con una manguera de dinero dispuesta, aparentemente, a poner en valor determinadas compañías y a jugar un relevante papel como acompañantes de los propietarios.

Es digno de estudio el proceso de compraventa de Auna -y más lo será el final que se prepara estas semanas-, que ha dejado claro que en las valoraciones juega sobremanera el calentamiento del ambiente. Los fondos de capital riesgo no se casan con nadie ni lo hacen a perpetuidad y por eso negocian con quien hace la mejor oferta, aunque, si encuentran algo mejor, lo retiran, cambian, saltan del caballo y sobre todo, hacen -ante la demanda- que el valor crezca incluso desmesuradamente.

Estudiosos del fenómeno de las OPAs convendrán que los casos Amadeus y Aldeasa han sido únicos, cuasi perfectos. Calentones espectaculares, anuncios de interés por parte de uno, dos o tres fondos, marear la perdiz en seis fases, filtración de precios y final feliz en forma de extraña auto-OPA que pone en duda todo el proceso anterior. ¿Si el propietario forma parte de la oferta, cómo se garantiza la mejor valoración para el minoritario o para el resto de accionistas?

El diseño ha sido muy parecido pero más beneficioso, según los números iniciales, para Iberia que para Altadis, aunque en ambos casos sorprendieron. El papel de los fondos de capital riesgo mostró la capacidad de llevar al mercado en una dirección, darle un valor o dos o tres a una empresa, hacerla subir o bajar según antojo y, finalmente, gran operación. Puede que tras las exclusiones, vuelva la burra al trigo y aparezcan en el mercado empresas del mismo sector, pero más grandes, tras un proceso de fusión en el que, si pueden, participarán esos mismos fondos de capital riesgo.

No menos curiosa es la OPA sobre Cortefiel con una cláusula interesante en la que los accionistas pagarán 3,5 millones de euros a CVC si alguien pone más dinero y hay contraopa. Debe ser por las molestias, poniendo un valor mínimo a la transacción. Luego está esa otra idea magnífica de implicar a los directivos de la que otro día hablaremos.

Todavía no hemos visto a estos fondos de capital riesgo dar su opinión en juntas de accionistas ni posicionarse sobre el buen gobierno de las empresas o la transparencia. Tampoco se les espera, porque se supone que lo único que les interesa -y no es poco- es ganar dinero.

Ha habido casos de fondos de estas características, como Spectrum, que entró en Jazztel y dejó claro su comportamiento.

Estamos, por lo tanto, en la era del capital riesgo. Una era posible por unos intereses históricamente bajos, algo que empieza a cambiar en Estados Unidos, aunque en Europa va para largo. Por eso, el principal semillero de empresas opables está en la Zona Euro. España ofrece muchas posibilidades por la particular estructura de las empresas familiares, con accionariados muy atomizados y, en algunas, a punto del cambio generacional.

Seguramente, alguna de las grandes empresas, sin núcleo duro, está siendo observada con lupa, aunque, en estos casos, los fondos de capital riesgo se limitan a tomar participaciones con vistas a futuras transacciones. Por ahora. Porque si el dinero sobra en demasía pueden llegar a la tentación de transacciones de mayor volumen. Auna puede ser sólo una muestra, aunque las small caps, estrechas y manejables en el mercado, aportan más emoción.

Lo dicho, busquen... comparen... y si encuentran una small cap apetecible... valoren el entrar...


Saludos,